miércoles, 5 de diciembre de 2007
¿Qué les queda a los jóvenes?
¿Sólo graffiti? ¿Rock? ¿Escepticismo?
También les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros.
¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de rutina y ruina?
¿Cocaína? ¿Cerveza? ¿Barras bravas?
Les queda respirar/abrir los ojos
descubrir las raíces del horror
inventar paz así sea a ponchazos
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte
esa loca de atar y desatar
¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de consumo y humo ?
¿Vértigo? ¿Asaltos? ¿Discoteca?
También les queda discutir con Dios
tanto si existe como si no existe
tender manos que ayudan/abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno/
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines del pasado
y los sabios granujas del presente.
Mario Benedetti.
martes, 25 de septiembre de 2007
El ataque de la naranja asesina
Continuara...
jueves, 12 de julio de 2007
Un día de verano
Era verano, un calor asquerosamente asqueroso, las calles estaban desiertas, ni pájaros habían ese día, ya que todos habían caído asados. Se avistaban dos extrañas figuras, al parecer eran un par de abuelitos en shorts, camisa y chalas que se limitaban a beber juguito de uva, que al parecer ya eran profesionales en este rubro.¿Quién dice que la vida de perros es mala? a mi parecer ese día no tuvo nada de desagradable para ellos, ya que lo único que hacían era dormir y abrir los ojos de vez en cuando para ver si había algún gato a perseguir, aunque ni de eso tenían ganas los caninos esos.
Estaba sentado bajo un árbol con una sombra que no aliviaba mucho el calor, pero protegía de los apestosos rayos luminosos del care gallo, que bien fuerte que pegaban, pero aun así, era un agradable árbol y que tenia ya una gran trayectoria en su sitio, ya que desde que tengo memoria esta en el mismo lugar y ya ha manifestado sus ganas de caminar, levantando el pavimento con sus raíces. Tengo toda mi fe puesta en que algún día logrará hacerlo y será un árbol muy atlético. Estaba yo sentado junto a un amigo, que a principio de este año hizo una larga travesía hacia algún lugar del sur, estuvo allá 6 meses pero ya está de vuelta y se quedara por mucho tiempo por acá. Teníamos monedas pero no sabíamos si comprar dulces 1/2 hora o chocolates. Nos decidimos por los chocolates ya que el hecho de que fuese algo fuera de lo común comer chocolates uno de los días mas calurosos del año, era llamativo. A 34° a la sombra, puede parecer tonto comerlos ya que se derretían solos y pegoteaban los dedos, pero se nos ocurrió una idea y la llevamos a cabo, aprovechando esa propiedad chocolatesca. Empezamos a unirlos con la habilidad y delicadeza de un enfermo de parkinson, ya que no andábamos con nuestros elementos matemáticos de bolsillo. Luego de eso los bautizamos como chocolates súper powerosos porque después de la fusión quedaron monstruosamente grandes. Continuamos así por largo rato hasta que algo llamó nuestra atención: era un caballero que parecía ser un cartero, era similar al del chavo del ocho. Iba el andando en su bicicleta hasta que de un momento a otro paró de pedalear y callo hacia la vereda de su derecha. Lo quedamos mirando por largo rato, el caballero no respondía. El pepe, persona que atendía el negocio de la esquina donde compramos los chocolates, fue a ver que pasaba. Le hablaba al caballero pero el no respondió. Hasta que de pronto despertó. Creo que sólo se había quedado dormido mientras conducía su joyita de dos ruedas. Al notar esto surgió una risa espontánea, luego el caballero se levantó, subió a su bicicleta y montado en esta siguió hacia su destino como si nada. El pepe volvió al negocio, nosotros seguimos bajo el árbol comentando el suceso y continuamos con nuestra estresante labor de amalgamar chocolates y comentar las cosas que pueden pasar un aburrido día en que lo único que destacaba era el calor, un senecto que dormía mientras pedaleaba, y nosotros comiendo chocolates bajo la sombra de un futuro árbol atleta.