Me dirijia hacia la casa de un compañero con la esperanza de que él pudiera lograr el gran desafío de enseñarme el detestado angloidioma. La travesía comenzo ya con un gran impedimento: salir del sector que rodea mi casa, ya que todas las salidas estaban cerradas ,menos una, y tuve que darme la tan conocida "vuelta del __". Después de caminar unas cuantas cuadras llegué a la casa de mi osado compañero. Entré, conversamos un rato de cosas que no merecen ser nombradas. Luego tocamos guitarra y después me invitó a elegir cualquier fruta de la frutera. Habían plátanos, manzanas y la maldita fruta agresora con celulitis: La Naranja. No sé bien que le habrán hechado a la naranja, se veia tan pequeña, tan ducle, tan naranja, que en ningún momento se me pasó por la cabeza que esa simple frutita pudiera tener tantas malas intenciones juntas contra mi persona. ¿Qué mal tan grande le hice a la muy salvaje de la fruta para que me atacara de una manera tan violenta? Bueno, después de todo no fui yo el mayor afectado, sinó mi pobre dedo pulgar, que lo único que estaba haciendo era ayudarme en mi labor junto a su amiga la uña, descuerando la naranja. Etonces comenzo la gran batalla campal entre mi pulgar y uña contra la malvada naranja...
Continuara...